Guía para Jugadores y Entrenadores

 

Introducción

La presión es una experiencia inevitable en el deporte, pero también puede convertirse en una poderosa aliada si aprendemos a gestionarla. En esta guía, exploraremos qué es la presión, cómo nos afecta en el pádel y cómo podemos transformarla en una fuente de motivación y enfoque. Entrenadores y jugadores encontrarán aquí estrategias y ejercicios prácticos para enfrentar este desafío.

 

Marco Teórico

 

¿Qué es la presión?

La presión es una respuesta psicológica y fisiológica ante situaciones percibidas como desafíos o amenazas. En el deporte, surge cuando las demandas del entorno o de uno mismo parecen exceder los recursos disponibles para enfrentarlas. Aunque puede ser desestabilizadora, también tiene el potencial de impulsarnos a rendir mejor si se maneja adecuadamente.

 

Situaciones de presión en el pádel

Externas:

Expectativas de entrenadores, compañeros de equipo, familiares o público.

Circunstancias del entorno, como torneos importantes o escenarios desconocidos.

Internas:

Creencias limitantes sobre las propias capacidades.

Pensamientos intrusivos, como el miedo al fracaso o a decepcionar.

 

Efectos de la presión no gestionada

Físicos:

Tensión muscular, aceleración del ritmo cardíaco, sudoración excesiva.

Fatiga prematura debido a un gasto energético ineficiente.

Mentales:

Dificultad para tomar decisiones rápidas.

Pérdida de concentración y tendencia a cometer errores.

Emocionales:

Ansiedad, frustración y, en casos extremos, bloqueo emocional.

Motivos de la presión y por qué afecta de forma distinta

 

Cada jugador experimenta la presión de manera única, influenciado por:

Su historia personal, incluyendo experiencias previas de éxito o fracaso.

Creencias internas, como la necesidad de ser perfecto o temores adquiridos.

Grado de compromiso con el deporte y las expectativas que ello conlleva.

Recursos internos y externos, como apoyo emocional o herramientas de gestión del estrés.

 

Acciones para minimizar o anular sus efectos

 

Conciencia:

Reconocer cómo se manifiesta la presión en el cuerpo y la mente.

Aceptación:

Validar que sentir presión es natural y no una debilidad.

 

Prácticas de regulación emocional:

Respiración consciente para reducir la activación física.

Visualización de escenarios exitosos para transformar pensamientos negativos.

 

Diálogo interno positivo:

Cambiar frases como “No puedo fallar” por “Voy a dar lo mejor de mí”.

 

Planificación y rutinas:

Crear estrategias claras para situaciones desafiantes.

Cómo identificar una situación estresante y actuar

Reconocer los primeros signos de tensión —como la aceleración del pulso o la pérdida de enfoque— permiten tomar medidas inmediatas:

Pausa activa:

Detenerse unos segundos para respirar y replantear la situación.

Reflexión guiada:

Preguntarse:

“¿Qué puedo controlar ahora mismo?”.

 

Rol del entrenador

El entrenador debe:

Identificar las fuentes de presión de su pupilo mediante preguntas y observación.

Ayudarlo a crear una narrativa positiva frente a los desafíos.

Incorporar ejercicios progresivos que expongan al jugador a presión controlada para desarrollar tolerancia.

 

Invitación al jugador

¿Te has sentido alguna vez atrapado por la presión en el juego?

Compartí con nosotros tu experiencia. Te brindaremos herramientas para afrontarla y convertirla en tu aliada.

La presión no es tu enemiga; es el recordatorio de que estás frente a un desafío que vale la pena.

Aprender a gestionarla es el primer paso para liberar todo tu potencial en la cancha.

En la próxima entrega, exploraremos ejercicios prácticos que te ayudarán a transformar la presión en motivación y enfoque.

¡No te lo pierdas!