Del error a la respuesta:
Por: Daniel Amat. MCA Master Coach Ontológico CAEC, Coach deportivo
Del error a la respuesta: diagnóstico en pista y traslado al entrenamiento
En el capítulo anterior dejamos una pregunta abierta: ¿qué pasa cuando el jugador no cuenta con una estrategia interna para responder al error? Vimos cómo el sistema nervioso reacciona con velocidad automática, cómo el juicio aparece disfrazado de autoanálisis, y cómo el “villano del juicio” toma el control si no aparece una respuesta emocional entrenada.
En este segundo capítulo, vamos a entrar en la pista, a escuchar voces reales, de entrenadores que viven el error como parte diaria de su tarea formativa. Y a partir de sus observaciones, vamos a avanzar hacia una estrategia concreta: una fórmula que empieza en la pausa, pasa por el ajuste y culmina en volver a jugar con presencia: Pausa, Ajuste, Jugá.
Como vimos en el capítulo anterior…
El error no es el enemigo. El verdadero problema aparece cuando el jugador se queda atrapado en una reacción emocional automática que no le permite aprender del error ni volver a jugar con foco.
Como entrenadores, podemos intervenir ahí, no solo desde lo técnico o táctico, sino desde el acompañamiento mental. Pero para eso necesitamos afinar la escucha. Y nada mejor que hacerlo a través de casos reales.
Caso 1: Lo que Mauro trae como experiencia ante el error
Mauro Ruiz, uno de los entrenadores integrales del programa Mente en Juego, compartió una escena que resuena con fuerza en cualquier entrenador que haya acompañado jugadores en momentos críticos. Su reflexión arranca con una frase que ya instala una mirada compartida con otros referentes del equipo:
“Como dice Dani, Euge y Guay, el error radica en la cabeza. Y lo vemos todos los días en cancha: apenas un jugador se equivoca, baja los hombros, camina en círculos con la cabeza gacha, respira rápido… Y no se detiene a pensar cómo salir de ese lugar. Queda atrapado en un bucle sinfín que lo arrastra al siguiente error.”
Mauro describe con precisión ese estado mental en el que, tras un error, el jugador entra en modo automático. No corrige. No ajusta. Repite. Y lo hace atrapado en un torrente interno de autocrítica y angustia.
“Situación clásica: error en el primer saque. Como la cabeza quedó enganchada ahí, la segunda pelota la dejo en la red o la regalo para no volver a errar. Y justo ahí, cuando más podría dominar el punto, entrego el control.”
Lo que Mauro subraya es que el problema no es el error en sí, sino la falta de herramientas para salir de ese pozo mental, esa prisión emocional que lo consume en silencio mientras el punto sigue.
“A veces es fácil entrar en ese bucle de tortura interna y ni siquiera darnos cuenta. He visto a mis alumnos quedar frustrados por no poder resolver una situación de juego. No porque no tengan la técnica, sino porque no tienen el recurso emocional para salir del error.”
Y acá aparece un concepto clave: el cuerpo lo delata. Rigidez, pérdida de flow, desequilibrio en el timing, desconexión emocional con el presente del juego.
“O te ponés rígido y perdés el movimiento. O te ablandás, bajás la cabeza y le sacás foco a lo que viene. En los dos casos, quedás atrapado en lo que pasó. Y perdés el momento.”
Para cerrar, Mauro retoma una enseñanza central del programa:
“Ahí es donde intento aplicar algo que aprendí de Dani, Euge y Guay: volver al aquí y ahora. Porque si me quedo en lo que pasó, el partido ya se fue.”
¿Cómo intervenir?
Aquí es donde entra el protocolo PAJ (Pausa – Ajuste – Jugá). El jugador necesita aprender a distinguir cuándo su reacción al error está siendo emocionalmente contaminada. Necesita poder hacer una pausa, sin buscar culpables, sin apurarse a justificarse, para recuperar su eje. Desde ahí puede ajustar (técnicamente, tácticamente o emocionalmente) y volver a jugar en sintonía con el presente.
Ejercicio sugerido: Pedir al jugador que, luego de un error, practique mirar al frente en lugar de mirar al compañero, respirar profundo y repetir una frase corta: “Estoy acá. Ajusto y sigo”. Esto interrumpe el patrón de “error-culpa-disculpa-reactiva” y abre espacio a una nueva respuesta.
Caso 2: Julio y la mirada periférica del entrenador
Julio Nuñez, otro de los entrenadores del Programa Mente en Juego, aportó una reflexión que eleva el nivel de conciencia del rol técnico. Dijo:
“A veces el jugador reacciona al error de formas que no dice con palabras, pero que yo veo en la forma en que pisa, cómo agarra la pala, la tensión en los hombros… Entonces, cuando quiero intervenir, no voy directo al error. Le pregunto: ‘¿Qué pensaste en ese punto?’, o ‘¿qué sentiste cuando la tiraste afuera?’. Ahí, si el jugador se abre, puedo entender si fue una mala decisión, un mal golpe, o una reacción emocional encubierta.”
Julio está describiendo el rol del entrenador como observador mental, más allá del gesto técnico. Es un entrenador que no sólo corrige desde lo visible, sino que interpreta el mundo interno del jugador desde lo invisible.
¿Qué aporta esto al método PAJ (Pausa – Ajuste – Jugá)?
Julio nos muestra que, para que el jugador logre pausar, ajustar y volver a jugar, muchas veces necesita de una intervención externa que lo ayude a mirar adentro sin juzgarse. Preguntas como las que él sugiere abren una puerta de conciencia. Y desde ahí, la pausa se convierte en un espacio fértil.
Ejercicio sugerido para entrenadores: luego de una serie con errores reiterados, invitar al jugador a detenerse y elegir una de tres tarjetas previamente diseñadas con estas frases:
- “Lo hice mal”
- “No sé qué pasó”
- “Sentí algo raro”
Según la tarjeta elegida, el entrenador guía la reflexión breve y prepara el siguiente punto con una consigna simple: “En este, jugalo distinto… no mejor, distinto”.
Del diagnóstico a la práctica: entrenar la respuesta
Estos dos testimonios muestran que no alcanza con tener una frase bonita o una rutina de respiración. El jugador necesita entrenar la respuesta al error como si fuera una técnica más.
Así como se entrena el smash o la salida de pared, también se puede entrenar la capacidad de recuperar el eje tras un error. Y para eso proponemos integrar el protocolo PAJ en las rutinas de práctica, desde etapas iniciales.
En el próximo capítulo vamos a presentar los drills concretos que trasladan todo esto a la pista. Pero antes, vale resumir lo aprendido hasta aquí:
CLAVES DEL CAPÍTULO 2
- El error puede ser una excusa para la descarga emocional o un portal hacia el aprendizaje.
- Entrenadores como Mauro y Julio revelan que las reacciones al error son observables y muchas veces repetitivas.
- El método PAJ (Pausa – Ajuste – Jugá) permite convertir el error en una oportunidad real.
- Se puede (y se debe) entrenar la respuesta emocional del jugador, como parte del entrenamiento integral.
¿Listo para llevarlo a cancha? En el siguiente capítulo, jugamos en serio.