Una guía práctica para entrenadores y jugadores

Por: Daniel Amat. MCA Master Coach Ontológico CAEC, Coach deportivo

Nota introductoria

Este blog nace como una extensión viva del Webinar “El Poder del Error”, dictado el 28 de noviembre de 2025 por la Dra. Guaitenema Moy, la Master Coach María Eugenia Panis y el Master Coach Daniel Alberto Amat, en el marco del programa Mente en Juego.

Durante ese encuentro, se abordaron herramientas de neurociencia, coaching y entrenamiento emocional aplicadas al deporte, con foco en cómo transformar el error en una oportunidad de aprendizaje, crecimiento y poder interior.

Estos capítulos recopilan ideas, testimonios y recursos surgidos antes, durante y después del webinar, para seguir profundizando en este viaje de autoconocimiento que une mente, emoción y juego.

El error como mensaje: del enojo a la información

“El problema no es el error. El problema es lo que hacemos con él.”

En la pista de pádel, el error es una constante. Lo comete el número 1 del mundo y también el jugador que recién empieza. Es parte de la naturaleza del juego. Pero, ¿por qué nos frustra tanto? ¿Por qué nos cuesta tanto convivir con él sin que nos saque del eje?

La respuesta no está en la pala ni en el cuerpo, sino en la cabeza. Mejor dicho, en la forma en que interpretamos lo que nos pasa.

Cuando cometemos un error no deseado —una bola a la red, un smash a la reja, un mal cálculo en la posición— lo primero que suele aparecer es la bronca. Y con ella, un combo de reacciones: insultos internos, gestos de fastidio, mirada al cielo, tensión muscular, incluso desconexión total del juego. Todo eso consume energía valiosa. Pero más grave aún: nos aleja del aprendizaje. Porque, en realidad, el error trae información. Grita: “¡Acá hay algo que revisar!”

El problema es que no lo escuchamos. Nos ocupamos más en pelear con el error que en descifrar el mensaje que trae.

¿Qué pasa en el cerebro cuando erramos?

Cuando algo sale mal en la pista, se enciende una alarma en el Sistema de Alerta Rápida de nuestro cerebro. Este sistema, muy útil para la supervivencia, activa emociones intensas como la bronca, el miedo, la vergüenza o la ansiedad. Son emociones normales. Son naturales. Pero si no aprendemos a regularlas, nos secuestran.

Es lo que se llama “secuestro emocional”: perdemos acceso al razonamiento, al foco, a la toma de decisiones conscientes. Y en ese estado, lejos de mejorar nuestro juego, lo empeoramos.

Aquí aparece una de las claves que proponemos en el programa Mente en Juego: transformar la relación con el error. Dejar de verlo como una amenaza o una muestra de incapacidad, y empezar a verlo como una fuente de datos. El error nos muestra una fisura. Nos da pistas. Nos ofrece una puerta de entrada al cambio. Pero solo si estamos dispuestos a mirarlo sin juicio, con curiosidad, con apertura.

El “error entrenable”

Uno de los grandes aprendizajes que venimos desarrollando junto a entrenadores y jugadores es este: los errores no son definitivos, son entrenables. Pero entrenar el error no es solo repetir el gesto técnico. Es entrenar la forma en que lo miramos, lo interpretamos y lo aprovechamos.

Muchos jugadores, al errar, entran en un círculo vicioso: frustración, tensión, pérdida de confianza, más errores. Es un espiral descendente. Por eso, antes de corregir el gesto, hay que corregir la interpretación.

Y para eso, proponemos trabajar con una pregunta sencilla, pero poderosa:

¿Qué mensaje me está dejando este error?

A veces, el mensaje es técnico: mal armado, mala lectura del rebote, mala ejecución. A veces es emocional: exceso de ansiedad, miedo a perder, presión interna. A veces es estratégico: mala decisión de tiro, falta de comunicación con la pareja. Pero el error siempre trae algo.

El desafío es generar una pausa entre el error y la reacción. Un espacio para observar. Para tomar aire. Para mirar el error con otros ojos.

El mapa del villano

En el entrenamiento mental que venimos desarrollando, usamos la figura del “villano interno” como una forma lúdica y clara de nombrar a esas voces, emociones o hábitos que nos bloquean. No porque sean “malos”, sino porque aparecen de forma automática y nos sacan del presente.

La bronca es uno de esos villanos. Nos toma cuando algo no sale como esperábamos. Y nos susurra frases como: “¡Cómo vas a errar eso!”, “¡No servís para esto!”, “¡Otra vez lo mismo!”. A veces, esas frases ni siquiera son conscientes. Pero operan como un zumbido de fondo que intoxica el juego.

El primer paso es ponerle nombre al villano. Reconocer que está. Ver cómo actúa. Qué gatilla su aparición. Y luego, empezar a generar otras respuestas posibles.

Por eso, no hablamos solo de “control emocional”, sino de entrenamiento emocional. Porque la gestión del error también se entrena, como se entrena un smash o una bandeja.

Entrenar la lectura del error

En muchos clubes, el foco del entrenamiento está puesto en la técnica y la táctica. Pero ¿cuánto tiempo se le dedica a entrenar cómo responder al error?

Desde el proyecto Mente en Juego, proponemos incluir este entrenamiento en las prácticas. Con ejercicios que generen errores de forma intencional, para trabajar la respuesta emocional en tiempo real. Como una especie de simulacro de frustración, donde el jugador aprende a leer el error sin quedarse atrapado en él.

Este tipo de entrenamiento permite que el jugador empiece a construir una memoria emocional alternativa: en lugar de grabar el error como trauma (“me salió mal y fue un desastre”), lo graba como aprendizaje (“me salió mal, pero vi por qué y lo ajusté”).

Esa diferencia es abismal. Es la diferencia entre repetir los mismos errores una y otra vez, o transformar cada error en una oportunidad de crecimiento.

De la bronca al aprendizaje

El gran salto no está en no errar, sino en no quedarse en la bronca. En aprender a hacer la pausa justa, para ver el error como una oportunidad. En preguntarse: ¿Qué ajuste necesita este punto? ¿Dónde estuvo el desajuste? ¿Qué puedo probar diferente en el próximo?

Y eso requiere un entrenamiento constante. No se trata de volverse “zen” ni de negar las emociones. Se trata de aprender a gestionarlas con inteligencia. De tener herramientas prácticas para responder en medio del partido.

Por eso, el siguiente capítulo estará centrado en dos casos reales que nos compartieron los entrenadores Mauro y Julio, durante la Masterclass “El Poder del Error”. Sus testimonios muestran cómo viven los errores sus jugadores, y cómo ellos, como entrenadores, los ayudan a traducir esas experiencias en aprendizajes concretos.

Ambos ejemplos son el puente perfecto entre lo que estamos reflexionando aquí —la mirada mental y emocional del error— y lo que desarrollaremos después: cómo construir, en cancha, ejercicios que trabajen no solo la técnica, sino la respuesta emocional inmediata tras el error.

Porque el error no es el enemigo.
El enemigo es quedarse atrapado en él.